La propietat trastocada II

27.02.2010


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Una mirada al cooperativisme, als intercanvis d’informació, a la còpia,  des de la metàfora del regal. Félix Pérez-Hita amb els seus convidats i el públic de la capella fa un collage de clips, entrevistes, lectures, comentaris a partir del discursos de Prelinger i d'altres més antics.

Convidats.
Jorge Luis Marzo, comissari independent i investigador cultural. http://soymenos.net/
i Ivan Miró de La Ciutat Invisible http://laciutatinvisible.org/cooperativa

Per veure la primera entrega de La propietat trastocada:
http://horitzo.tv/node/654

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"Nuestra única y verdadera propiedad son los huesos"

Greguería de Gómez de la Serna.

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“Emprem com a dons gratuïts mil coses que han estat pagades per vides humanes, perles el pescador de les quals ha vomitat sang, llibres escapats de la foguera...”

Paul Valéry: Tel quel (1943).

 

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"Vivimos una época rica y excitante y es así precisamente por la proliferación cultural, por la ausencia de reglas y la ausencia de permisos. No creo que eso vaya a abandonarnos."

“Hem de situar la cultura enllà de la propietat intel·lectual, no enfocar-la cap a la noció de diner, sinó de regal, respecte i intercanvi”.

Rick Prelinger.

 

De Los fundamentos económicos y sociales del anarquismo, de Mijail Bakunin (1814 – 1876).

"Desde el momento en que los derechos de propiedad toman carta de naturaleza, la sociedad se divide necesariamente en dos partes: de un lado los propietarios, minoría privilegiada que explota el trabajo obligatorio y organizado, y de otro los millones de proletarios, sojuzgados como esclavos, siervos o asalariados. Algunos, gracias a ocio basado en la satisfacción de las necesidades y en el bienestar material, tienen a su disposición los más altos beneficios de la civilización, la cultura y la educación, mientras que otros, los millones de personas del pueblo, están condenados al trabajo obligatorio, a la ignorancia y a la perpetua escasez."

 

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El nacimiento de la idea de genio y la propiedad intelectual.

Fragmentos de Historia social de la literatura y del arte.

La figura del genio inimitable - y, por lo tanto, de la autoría inalienable - tal como la entendemos hoy se configura hacia mediados del siglo XVIII. Veámoslo desde la perspectiva sociológica de Arnold Hauser:

"(La noción de genio consiste en) la concepción de que la obra de arte es creación de la personalidad soberana, superior a la tradición y a la regla, e incluso a la misma obra, y que recibe sus leyes de esa personalidad. El desarrollo del genio comienza con la idea de la propiedad intelectual. En la Edad Media falta tanto esta idea como la estima de la originalidad y la voluntad de lograrla – ambas van inseparablemente unidas. (...) Los comienzos del deseo de la propiedad intelectual y los del capitalismo modernos son ciertamente simultáneos, equipararlos, sin embargo, sería una equivocación basada en la confusión de dos nociones distintas incluidas en la categoría de “propiedad”. (...) Esta originalidad deviene así un arma en la lucha competitiva por la propiedad, la influencia y el prestigio. (...) Un concepto como el de la originalidad no nace del suelo de la pura economía ni en la esfera de las meras ideas"

Arnold Hauser: Historia social de la literatura y del arte, vol II (Arte y clases sociales), Guadarrama, Barcelona 1978, págs. 286 – 287).

Si “el desarrollo del genio comienza con la idea de la propiedad intelectual”, parece lógico que la puesta en cuestión de la propiedad intelectual, tal como la entendíamos hasta hace poco, vaya acompañada de la decadencia del concepto de genio, y viceversa. Que ambas cosas decaigan o cambie nuestro trato con ellas está bien.

 

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A propósito de eso de compartir el conocimiento de que tanto hablamos nosotros, como Richard Stallman, copiamos aquí algunos fragmentos de la sexta parte del Discurso del método en que Descartes calcula las ventajas y desventajas de escribir el libro y dar a conocer así sus descubrimientos, que él considera de sumo interés (y las historia de la filosofía le ha dado la razón).

Dice:

“Nunca he atribuido gran valor a las cosas que provienen de mi espíritu (y por ello) no me he creído obligado a escribir nada.” (...) “en cuanto a mis especulaciones, aunque eran muy de mi gusto, he creído que los demás tendrían otras también, que acaso les gustaran más.” Pero después de haber hecho algunos descubrimientos y experiencias de interés general, “notando entonces cuán lejos pueden llevarnos y cuán diferentes son de los principios que se han usado hasta ahora”, sigue: “creí que conservarlas ocultas era grandísimo pecado, que infringía la ley que nos obliga a procurar el bien general de todos los hombres, en cuanto ello esté en nuestro poder.”

Y más adelante:

“Y como yo había concebido el designio de emplear mi vida entera en las investigaciones de tan necesaria ciencia (y dar con ella, a no ser que lo impida la brevedad de la vida o la falta de experiencia...) y juzgaba que no hay mejor remedio contra esos dos obstáculos sino comunicar al público lo poco que hubiera encontrado e invitar a los buenos ingenios a que traten de seguir adelante, contribuyendo cada cual según su inclinación y sus fuerzas, a las experiencias que habría que hacer, y comunicar asimismo al público todo cuanto averiguaran, con el fin de que, empezando los últimos por donde hayan terminado sus predecesores, y juntando así las vidas y los trabajos de varios, llegásemos todos juntos mucho más allá de donde puede llegar uno en particular.”

(...)

“ruego a quienes tengan objeciones que formular, que se tomen la molestia de enviarlas a mi librero, quien me las transmitirá, y procuraré dar respuesta que pueda publicarse con las objeciones; de este modo los lectores, viendo juntas unas y otras, juzgarán más cómodamente acerca de la verdad. Pues no prometo darles nunca largas respuestas, sino que me limitaré a confesar mis faltas francamente, si las conozco, y si no puedo percibirlas, diré sencillamente lo que crea necesario para la defensa de mis escritos, sin añadir la explicación de ningún asunto nuevo, a fin de no involucrar indefinidamente uno en otro.”

Y acaba diciendo:

“Esta declaración que aquí hago bien sé que no ha de servir para hacerme considerable en el mundo; más no tengo ninguna gana de serlo y siempre me consideré más obligado con los que me hagan la merced de ayudarme a gozar de mis ocios, sin tropiezos, que con los que me ofrezcan los más honrosos empleos del mundo.”

René Descartes: Discurso del método, 1637, Espasa-Calpe, Madrid 1986. Edición de Manuel García Morente.